Formadores no formados

Formadores que no tienen la capacitación adecuada y, en ocasiones, ni siquiera la educación adecuada: un grave problema en el mundo del perro

Formadores

Una de las lacras del mundo del perro es la falta de una correcta regulación a nivel general y sobre todo en las especialidades. Y una de sus consecuencias es que cualquiera puede impartir formación. Cualquiera puede autodenominarse adiestrador, educador canino o instructor. Pero impartir formación no es una tarea que pueda desempeñar todo el mundo. Y un mal formador, además de no aportar la formación adecuada, puede resultar muy dañino para el alumno y para la especialidad.

Y cuando esa especialidad, como ocurre en muchos casos, está enfocada operaciones que implican un riesgo para vidas humanas -rescate, drogas, explosivos…-, estamos ante un problema muy grave y que debemos denunciar.


Qué bien lo hace mi perro. Voy a dar seminarios

Ser 10 veces campeón de Wimbledon no te convierte en buen entrenador de tenis. Haber ganado 10 Champions en un equipo de fútbol no te capacita para proclamarte buen entrenador. Lo mismo ocurre con los perros.
Haber estado en un grupo de rescate, haber sido guía canino en la policía, tener mano con los perros, tener un perro que lo hace de maravilla… no te capacita, ni mucho menos, para ser instructor/formador en temas caninos.

Porque para ser un buen formador hay que formarse también. Hay que tener conocimientos, teoría, práctica y muchos años de experiencia. Hay que formarse como formador. Y todo ello debe estar demostrado (cuidado con el autobombo). Pero además de todo eso, hay que saber transmitirlo. Es necesario saber hablar, saber captar la atención del alumno, conocer los límites, tener buena base cultural, buena ortografía y sobre todo, por encima de todo: un código ético.

Por desgracia, todo lo anterior se diluye desde el momento en el que en España, cualquiera puede auto-proclamarse formador, instructor, maestro, experto. Y así ocurre lo que está ocurriendo desde hace muchos años. Tenemos formadores que no están realmente capacitados. Se dan seminarios, cursos, masters, con total despreocupación. Y hay un mercado negro que crece exponencialmente a medida que se va formando más gente.

Para muchos, el hecho de haber ido como alumno a un seminario ya les capacita para impartir ellos otro. Y así nos va.

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Seminarios multi-tarea, aprendes de todo

No es extraño ver carteles anunciando seminarios que cubren no una, sino varias disciplinas. Ya es complicada una disciplina y exige una dedicación plena a cada una de sus fases, como para pretender impartir una actividad formativa que toca varias especialidades… ¡en un fin de semana!

Un seminario no puede pretender siquiera cubrir una acción formativa en varios campos de una especialidad. La formación requiere una serie de grados, que no tienen otra manera de irse implementando más que con más formación. Gradualmente y por etapas, otorgando a cada etapa su tiempo, su importancia y su dedicación.

Tampoco un curso intensivo es capaz de preparar a un guía canino, mucho menos a un binomio, en ninguna disciplina.

Por tanto, queda en duda cual es el objetivo de quien imparte un seminario o curso que ofrece cubrir varias expectativas. O es por desconocimiento o por ofertar más para vender más plazas. En cualquier caso, eso ya es un indicador para hacernos una idea sobre el tipo de formador que nos está vendiendo la formación.


Ese formador es muy caro, prefiero a ese otro que cobra mucho menos

Lo importante debería ser la cualificación del instructor pero la realidad es que, en demasiados casos, se elige un instructor u otro por su precio. Cuando un instructor lleva a sus espaldas una formación completa, trabajada, puede y debe valorar su trabajo. Y al contrario, alguien que acaba de empezar o lleva poco tiempo y decide empezar a ganar dinero con la formación, no puede ni debe cobrar lo mismo.

El buen profesional hay que pagarlo. Eso pasa en todos los sectores, no sólo en el mundo del perro. Aunque en este se necesita aún mucha más seriedad en la regulación.

Es evidente que las autoridades no terminan de ponerse de acuerdo con el asunto de las regulaciones. Y, si bien hay muchos pasos ya dados, aún queda esa laguna legal para que cualquiera pueda autoproclamarse formador/instructor y experto en temas caninos.

Es un hecho conocido que hay muchos formadores que basan sus seminarios en temarios copiados de otros formadores, más algo de su escasa y muchas veces errada experiencia. Asistir a un seminario y copiar sus contenidos ha sido el único esfuerzo de estos estafadores para tratar de lucrarse después a costa de ese pirateo y del engaño hacia los futuros alumnos, que confiarán en su valía.

Y cuando se junta la falta de capacitación con la falta de educación o de ética, se pueden llegar a situaciones esperpénticas.

Libertad de expresión o delito ¿dónde está el límite?

Ser formador no es plantarse delante de un grupo de personas a contar batallas o experiencias personales. Va mucho más allá. Requiere una calidad educativa, humana y ética, fundamental en toda acción formativa.

Cuando esto falla, no se puede esperar más que una pobre formación y, lo peor, que en ocasiones los alumnos tienen delante a un formador que se cree con derecho a para poder decir cualquier cosa, incluso cuando sus afirmaciones podrían rayar en un delito. Y no es exageración.

En un seminario de perros de rescate se escucharon comentarios como que las mujeres no pueden ir como rescatista a una catástrofe porque menstrúan y se impresionan con la sangre. O que  en las catástrofes no hay baños y las mujeres necesitan baños, concluyendo que, por esa razón, las mujeres no deberían ir a situaciones de catástrofe como guías caninos.

Este tipo de afirmaciones, aunque pueda parecer increíble, se están dando en el día a día en algunos seminarios formativos. La reacción del alumnado suele ser de sorpresa y a veces se toma como broma, como un mal chiste.

Pero la realidad es que podría ser un delito y está tipificado por la ley española.  Se podría tipificar como delito de odio , en España penado con uno a cuatro años de prisión y multa.

La Unión Europea, en su Carta de Derechos Fundamentales, especifica en su artículo 21:

«Prohíbe la discriminación basada en trece motivos de discriminación: sexo, origen racial o étnico, religión o convicciones, discapacidad, edad, orientación sexual, origen social, características genéticas, lengua, opiniones políticas o de cualquier otro tipo, pertenencia a una minoría nacional, patrimonio y nacimiento.»

Por desgracia este no es un caso aislado. En este mercado libre de formadores/instructores auto-cualificados, aún hay muchos elementos que continúan en estas ancestrales y penosas creencias. Y estos son los que preparan a los futuros guías caninos. Independientemente de su formación, de lo que sepan transmitir… ¿qué podemos esperar de semejante actitud?

Miedo a quejarnos

Todos nos llevamos las manos a la cabeza cuando nos cuentan estas cosas pero a la hora de la verdad, cuando estamos en el seminario o curso en cuestión, frente al formador, nadie se atreve a transmitir su queja. Nadie denuncia en voz alta lo que acaba de escuchar. No debería ser así.

De la misma forma que el formador se cree con el derecho a decir cualquier barbaridad, el alumno está en su derecho de transmitirle su desacuerdo o reprobación cuando cree que se ha rebasado el límite. Ser alumno no equivale a aceptar todo lo que nos quieran decir, igual que ser instructor no da derecho a nadie a insultar o menospreciar a nadie. Al contrario, su posición le obliga a guardar un decoro y unas formas.

Formadores formados

Por todo ello y con el fin de conseguir una formación de calidad, con el nivel adecuado a cada necesidad, debemos empezar a cambiar este tipo de pseudo-formaciones.

Profesionales y alumnos podemos y debemos exigir una formación cualificada y seria. Y cuando detectemos este tipo de irregularidades, igual que cuando asistimos a un seminario y comprobamos que el profesor no está ni de lejos cualificado para impartirlo, denunciemos.

Callar es lo más fácil, pero callar otorga. Y sobre todo, deja campo abierto al fraude, al engaño y a la caradura.

Hay que empezar a exigir que los formadores estén capacitados, tengan un curriculum y una experiencia acorde con la formación que van a impartir.

Y sobre todo, huyamos de lo fácil, lo barato. Porque a la larga, nos puede salir muy caro.

Yo pirateo… tú pirateas… y al final nadie escribirá libros

“Mira qué libro tan interesante, es muy bueno y me ha servido de mucho… Qué bien, ¿por qué no lo escaneas y me lo pasas?”
Así empieza una cadena de práctica ilegal, muy extendida y que afecta a quienes comparten sus conocimientos. Y al final nadie escribirá libros.

nadie escribirá libros

Mira qué libro tan interesante, es muy bueno y me ha servido de mucho… Qué bien, ¿por qué no lo escaneas y me lo pasas?” Así empieza una cadena de práctica ilegal, muy extendida y que afecta a quienes comparten sus conocimientos. Y así al final nadie escribirá libros.

Esta conversación se repite día a día, sobre todo en redes sociales. El pirateo de libros es una práctica muy extendida y lo peor, que parece que a nadie o a casi nadie le importe.

Escribir es un trabajo, no un lujo

Escribir un libro no es tarea fácil. Hay que tener los conocimientos, investigar, prepararlo, escribirlo y luego editarlo y venderlo. Es un duro trabajo que puede llevar meses, incluso años. Y la realidad es que no está muy bien pagado, a no ser que seas un afamado escritor de best-sellers.

Cuando alguien escribe un libro lo único que pretende es transmitir sus conocimientos y ganar un dinero con ello. Algo totalmente lícito desde el momento en el que es un trabajo.

Pero vivimos en un mundo donde prima lo fácil, se busca la forma de conseguir algo sin pagar, aunque para ello se pudiera incurrir en delito. Se premia incluso que alguien lo haga para que así nos lo pueda facilitar a los demás. Está bien visto escanear un libro y, al contrario, pagar por obtenerlo para muchos es sinónimo de ser un “pringado”.

Y lo más sorprendente es que nos cuesta pagar por un libro que no suele pasar de los 15€ pero a la hora de comprar todo tipo de artilugios para nuestro perro, aunque no sean necesarios, nos parece lo más normal.

Pero ¿es delito escanear o fotocopiar un libro?

La ley es clara al respecto. Desde el punto de vista jurídico, «fotocopiar un libro puede suponer una infracción de la propiedad intelectual, y por este motivo existen sanciones económicas aparejadas. Adicionalmente, la explotación no consentida a gran escala y con ánimo de lucro puede suponer pena de cárcel.»

En definitiva: puedes realizar copias de un libro para uso exclusivamente personal y nunca con afán lucrativo. Eso automáticamente convierte en ilegal cuando se escanea un libro y se difunde a otras personas ajenas al círculo familiar privado. Y las redes sociales no son ninguna excepción.

Ponerse en la piel del escritor

Y si el hecho de que sea algo ilegal no fuera suficiente argumento, nos queda ponernos en la piel del escritor. Pensemos en la cantidad de trabajo, de horas que ha empleado la persona que ha escrito el libro. Pongámonos en su lugar e imaginemos que, tras todo ese esfuerzo, nos encontramos con que en las redes sociales nuestro libro está accesible a cualquiera. Ya casi nadie compra nuestro libro y nuestros ingresos se ven mermados ostensiblemente.

Lógicamente, la próxima vez que nos planteemos escribir un libro, nos pensaremos dos veces si merece la pena. Y si no lo hacemos, significará que habrá un medio escrito menos en el mercado, lo que a la larga influirá negativamente en la especialidad a la que va enfocado. Habrá menos conocimientos compartidos y tendremos menos datos a nuestro alcance.

Por eso, antes de piratear un libro para difundirlo por las redes, piensa que el daño no solo se lo haces a su autor, sino a ti mismo.